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grito del "mensú" sigue vivo en el museo de Itakyry:

Escudriñad bajo la selva: descubriréis un fardo que camina. Mirad bajo el fardo: descubriréis una criatura agobiada en que se van borrando los rasgos de su especie. Aquello no es ya un hombre; es todavía un peón yerbatero...".

 

Así describía en 1908 el periodista y escritor español Rafael Barrett la situación de esclavitud que padecían los "mensú" o peones de la empresa latifundista La Industrial Paraguaya, en los montes del Alto Paraná, en la serie publicada por "El Diario" bajo el título: "Lo que son los yerbales".

Exactamente un siglo después, la pintoresca casa de madera que fue sede administrativa de la empresa se alza todavía imponente a orillas del arroyo Itakyry, hoy convertida en museo de la ciudad, y en su interior se guardan múltiples objetos históricos y cotidianos que ilustran lo que fueron aquellos días en que la yerba mate valía tanto como el oro, y en que miles de hombres y mujeres sobrevivían en "la prisión de esmeralda".

"En realidad, la historia de Itakyry viene de mucho antes que La Industrial, porque aquí ya existía una población indígena guaraní arraigada. Hay vestigios de vida que se estima tienen unos 10.000 años de antigüedad, piezas de cerámica u objetos que se encontraron en esta zona y hoy se exhiben en el Museo de la Tierra Guaraní, de la Itaipú", cuenta Mario García Siani, director de cultura "ad honorem" de la Municipalidad local, y uno de los principales gestores del museo.

OPERACIÓN RESCATE. Hace diez años, cuando García Siani llegó por primera vez a este lejano paraje del Alto Paraná, como promotor enviado por el entonces vice ministro de Cultura, Gerardo Fogel, para establecer una especie de bastión de resistencia contra la invasión cultural brasileña, encontró que la antigua casa administrativa de la Industrial Paraguaya estaba en ruinas, pero todavía en pie.

Con la ayuda de la incansable Margarita Miró obtuvieron recursos del viceministerio y de Itaipú Binacional, para restaurar la casa. Tras una afanosa cacería y recolección de objetos de época, que los pobladores proveyeron con entusiasmo, junto a mágicas historias de la epopeya de la yerba mate, el Museo de Itakyry fue tomando forma.

"La Industrial Paraguaya instaló en esta casa su cuartel central por un largo tiempo. Desde que el gobierno del general Bernardino Caballero le otorgó la concesión de miles de hectáreas de bosques y yerbales vírgenes, al final de la Guerra del 70, la empresa estuvo en la región durante 99 años. El propio general Caballero era miembro del directorio de La Industrial. También se extraía madera y palmito, esta era una zona riquísima", cuenta García Siani.

Ahora, de los bosques, yerbales y palmitales, no queda casi nada. El paisaje en la región de Itakyry, y en casi todo el Alto Paraná, es un monótono y largo horizonte de cultivos de soja, en donde los "mensú" ya no tienen lugar, porque todo se hace con tractores y cosechadoras mecánicas que requieren muy poca mano de obra. Pero los vecinos de la antigua casa que hoy sirve de museo aseguran que, en noches de tormenta, todavía se escucha el grito del "mensú" resonando desde el fondo del tiempo.

LA OTRA LEYENDA. Hay una oscura leyenda acerca de los yerbales del Alto Paraná, que está en los textos de Rafael Barrett y Augusto Roa Bastos, principalmente, y en muchas polcas y guaranias del foklore paraguayo como "Minero Sapucai" de Teorodo S. Mongelós y Emilio Biggi, o "Ka'aty" de José Asunción Flores y Federico Fontao Meza, que pintan al "mensú" o "minero" como una víctima de la esclavitud.

En Itakyry, sin embargo, sobrevive una imagen más positiva de lo que fue la epopeya de la yerba mate en la región. "Aquí, principalmente entre los pioneros, no vamos a encontrar gente que hable mal de La Industrial. Los antiguos pobladores le tienen una especie de respeto, porque la historia de la ciudad nació con la empresa", destaca Mario García Siani.

En el pequeño Museo local se observan armas y utensilios indígenas mbya, pero también objetos usados en los obrajes, como los "lampiuns" (lamparitas a querosene) para alumbrarse en las noches, herramientas como hachas, machetes, tronceadoras; balanzas "romanas" para pesar los fardos de yerba, y hasta una antigua victrola o tocadiscos a cuerda, que los directivos de la empresa hacían sonar en las fiestas o en las noches selváticas, para matar la nostalgia de la distancia.

Entre los objetos curiosos sobresalen una pesa con un mapa del Paraguay de antes de la Guerra del Chaco donde se observa a la Región Occidental mucho más grande, con parte del territorio que luego se adjudicó Bolivia. También hay una lápida de mármol donde se lee en relieve: "La Industrial Paraguaya a Olegario Cañete, 10 de junio de 1918". Nadie sabe responder quien fue Cañete, pero debe hacer sido alguien importante como para que la todopoderosa empresa le regale una lápida.

Fuente: Ultima Hora

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